EL
FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
QUEDA
¡¡CERDOTE!!
Por Ramón
Durón Ruiz
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E
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l Filósofo es un ingenuo campesino que diariamente
da gracias al Padre por el milagro de la vida, que “a golpe de hacha” me ha llevado a tener tres
visones: la política, la espiritual y la del humor.
En esta ocasión comentaré sobre mi visión
política, por una parte estoy en desacuerdo en que el país tenga
partidos políticos con mucha fuerza… pero poca representatividad, a los que se
les destinan subvenciones estratosféricas, que bien pudieran destinarse al
combate a la pobreza, a educación o a la generación de empleos.
Estoy en desacuerdo con un Congreso en el que hay
opacidad en el manejo de sus recursos, tenemos los legisladores llenos de
privilegios, además los más caros del mundo y también –hasta el
momento-legislativamente improductivos.
La percepción social es que sus resultados no están
a la altura de la transición democrática, se requiere profesionalizar el
Congreso con asesores expertos, eficientar el trabajo en comisiones, elaborar
un nuevo reglamento, el actual con decenas de reformas, proviene del
porfiriato.
Por otra parte, me gusta que el Presidente Peña
Nieto diga: “No venimos a administrar, venimos a transformar”, eso es lo que
requiere la nación, una transformación de “cuajo”, una visión de gran calado,
que nuestros políticos con sentido de Patria se pongan a trabajar en el
acuerdo, en el consenso, en las grandes reformas que nos inserten con éxito en
la competitividad que la globalidad exige.
Me parece saludable para la nación que a
convocatoria del Presidente, las tres grandes fuerzas políticas (PRI, PAN, PRD)
anteponiendo los intereses nacionales a los de su partido, hayan acordado trabajar
en el PACTO POR MÉXICO, que por la serie de reformas que contiene, le da altura
de miras y una redimensión a la política y a nuestros políticos.
En el inicio de nuestra vida constitucional, en la
Constitución de Apatzingán, el Poder Legislativo era el centro de la vida
nacional, hoy retoma su sentido histórico y desde ahí habrá de fraguarse la
transformación de la vida nacional, reformas que en detrimento del País han
sido pospuestas por apatía o contubernios políticos.
En la agenda del PACTO POR MÉXICO están contenidas,
sólo por citar algunas: “La reforma energética y la transformación de PEMEX;
los acuerdos de seguridad y justicia, policías estatales coordinadas, el nuevo
sistema de justicia penal acusatoria y oral, el código penal único y el correspondiente
de procedimientos.
La ley de amparo, la eliminación de los testigos
protegidos –que en el sexenio de Calderón tanto daño hizo a la justicia y a
innumerables familias– y la figura común del arraigo; la Comisión Nacional
Anticorrupción; la revisión al IFAI; la reforma al Distrito Federal; los
reglamentos a las reformas educativa y política; la reforma de telecomunicaciones.”
En el PACTO POR MÉXICO el viejo Filósofo de Güémez
ve a un Presidente que no le teme al cambio, por el contrario lo promueve,
moviendo anquilosadas estructuras, porque sabe que el cambio es la divisa de
nuestro tiempo y también observo con mucha simpatía a legisladores que con
sentido de Patria, están dispuestos a dar la cara, frente al enorme reto que la
historia les provee.
Ernesto Sábato afirma: “La Historia no es mecánica,
porque los hombres son libres para transformarla.” Hoy una generación de políticos mexicanos
tiene en sus manos la posibilidad de una profunda transformación de la vida
nacional, hago votos por que lleguen los buenos resultados.
Resulta que el viejo campesino de Güémez llega con
el regordete Padre del pueblo a bautizar a su nieto. El sacerdote, además de
ser muy igualado y gastar bromas de mal gusto, no dejaba ir una boda, un
bautizo, una quinceañera sin apalancarse de los sagrados alimentos y cumplir al
pie de la letra con la frase del Filósofo que dice: “Cabrón es el que repite
plato… pero más cabrón es el que pide pa’ llevar.” Al acercar al niño a la pila
bautismal el sacerdote pregunta:
—¿Y cómo
se va a llamar el muchacho?
—Simeón, –dice lleno de contento el
Filósofo– como el
hijo de Jacob; como Simeón el justo, citado en el Evangelio de San Lucas;
Simeón como el Santo Cristiano del siglo V.
El padre en tono de burla le dice:
— Pues habrás de darte cuenta que
si le quitamos el SI… se queda en MEÓN.
— Mire lo que son las cosas –dice
el Filósofo– y a usted si le quitamos el SA queda ¡¡CERDOTE!!
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