EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
¡¡QUE NO ME FALTE!!”
Por Ramón Durón Ruiz
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o cabe duda que el viejo Filósofo es un
sabio, dígame usted querido lector si no es así, cada mañana elevo al cielo la
oración que el Sr. Sámano me enseño: “Señor ayúdame a encontrar un ‘endejo…
porque luego luego dan conmigo”
Esta semana que recién concluye… ¡Dieron
conmigo! la señora que nos ayuda en casa, llegó corriendo hasta mí, con una
llamada en la que se escuchaba un grito desgarrador de una joven que clamaba
auxilio porque la habían secuestrado, al escuchar la voz diciendo ¡ayúdame…!
¡Se me fruncieron los entresijos!
— ¿Qué
pasa? –pregunté.
—Tenemos
secuestrada a tu hija ‘abrón… y si no nos depositas ahorita… la vamos a…
Mientras tanto seguían los gritos
lastimeros de la joven.
—¿Queeeeehayyyquuueeehaceerrr?–
exclame tembloroso.
—Vas a
seguir mis instrucciones –señaló el maleante.
Inmediatamente me dijo en dónde y cuánto
debía depositarle a la mayor brevedad. Hecho un nudo de nervios escuchaba
atento las indicaciones, que con tamaños “huev…tes” me dictaba perversamente el
delincuente, en esos momentos, como por obra de Dios, mi hija –ajena a la
situación– bajó de su recámara, fresca como un lirón.
Nuevamente me di cuenta, que el tiempo
me va convirtiendo en sabio cuando afirmo “Tengo 15 minutos de pendejez… cada
cuarto de hora” po’s ese reverendo ‘abrón, me agarró en mis 15 minutos de
pendejez.
Esto que los jurisconsultos llaman
“extorsión telefónica”, sucede por toda la geografía nacional todos los días,
en menoscabo de la salud emocional, de la economía familiar y de la seguridad
pública.
Como si viviera junto a nosotros el
drama delincuencial, Anthony Giddens, afirma: “Vivimos en un ‘mundo desbocado’,
nos enfrentamos a problemas y conflictos para cuya solución no hay
antecedentes.Hoy más que nunca es el momento de redescubrir el derecho penal,
de ‘hacer una reingeniería’(término acuñado en el mundo empresarial por Michael
Hammer y James Champy) que siguiere que el derecho ha dejado de hacer o
producir, aquello para lo que había sido
fundado, implica si es necesario, volver a sus orígenes, comenzar de cero.”1
Pareciese que las conductas delictivas
crecen en detrimento de la sociedad, adoptando formas atípicas, imaginadas ni
en una novela de terror. Hoy ni aumentando considerablemente el número de
policías y presidios, del personal de las procuradurías o del poder judicial,
se lograra disminuir esta tendencia.
Cuando los académicos y actores
políticos se preguntan ¿en dónde está el problema? algunos lo atribuyen al
desempleo, a la pobreza, a la educación, a la falta de oportunidades, a la
desigualdad.
Otros afirman que se incumple con la
ley, por una arraigada impunidad, ellos piensan que es básica la represión y el
aumento del número de policías. Los que saben, afirman que “El derecho penal
fue concebido como la última ratio, como un mecanismo que se activa cuando ha
fracasado el conjunto social (la familia, la escuela, la iglesia, el Estado,
etcétera).”
Hoy con una readaptación social y una seguridad pública disfuncional,
la visión ranchera del viejo filósofo es que debemos replantear nuestro derecho
penal, de manera tal que cree condiciones de seguridad para el desarrollo, con
una renovación del marco jurídico, con un código penal único, que por una parte
ciudadanice la procuraduría para evaluarla y por otra modernice el ministerio
público.
También es trascendente una masiva
capacitación, profesionalización y especialización, que con una reingeniería
institucional, parta de una visión humanista que respete los derechos humanos y
traiga consigo la anhelada seguridad, justicia y con ella el irrestricto
respeto de la ley.La procuración de justicia y la seguridad pública son un
oficio básico para la viabilidad del Estado.
Concluyo con el buen sentido del humor,
mi amigo “Catón” me dijo la ORACIÓN DEL TRAILERO y en la universalidad del
humor la parafraseo:
“¡Padre!, te solicito ayuda para no ser
asaltado;
Pero si me asaltan, que no se lleven mi
carga;
Si se llevan la carga, que no se lleven
el tractor;
Si se llevan el tractor, que no me
secuestren;
Si me secuestran, que no me maten;
Si no me matan, que no me corten las
orejas;
Si no me cortan las orejas, que no me
golpeen;
Si me golpean, que no me peguen en el
rostro;
Si me pegan en el rostro, que no me
violen;
Si me violan, que no me guste;
Y si me gusta… ¡¡Que no me falte!!”
1.biblio.juridicas.unam.mx/libros/1/419/15.pdffilosofo2006@prodigy.net.mx/Facebook:
filosofoguemez/Twitter: @filosofoguemez
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