Egidio Torre y su colusión con el
crimen
_____Tintero______
Por Francisco Pucheta González
1º. de Agosto de 2016
La inoperancia de Egidio Torre Cantú
para gobernar Tamaulipas y su probable colusión con el narco, son temas
de discusión y análisis por parte de un gran segmento de la sociedad castigada
por la violencia.
A escasos 60 días para que
desaparezca del escenario político el gobernante más gris que ha tenido la
entidad, las familias se conmocionan y piden el ingreso inmediato de la
alternancia que ocurrirá en los primeros minutos del mes de octubre.
Egidio no recompuso su rumbo y ni
siquiera hizo por el esclarecimiento del asesinato de su hermano Rodolfo. Así
se la pasó los 6 años, sin importarle el
reclamo de la vindicta pública que exigió claridad meridiana del acontecer
tamaulipeco.
Lejos de eso evadió su
responsabilidad y no atacó de manera frontal los problemas que traslaparon al
ánimo de la gente.
Sus declaraciones en torno a las
masacres, crímenes, desapariciones, secuestros y levantones lo exhiben como torpe
e irresponsable porque nunca aludió al problema de los tamaulipecos y si
permitió que los criminales hicieran de la suya.
El exabrupto que se manifestó en todo el
estado de Tamaulipas engrandecido por la violencia y los crímenes que opacaron
el desarrollo. De todos es sabido que cientos de familias tuvieron que
desplazarse hacia otros lugares por temor al peligro.
La presunta relación de Egidio con el narco
nace de las sospechas de que permanece con los brazos cruzados por los
convenios que lo atan con la gente que
está mal.
De tal forma que mientras él se agazapa en su
zona de confort, Tamaulipas se desangra
hasta por los poros y no hay quien lo
detenga. Es el desmadre, creado, tolerado y solapado por una administración amorfa sumida en el vacío de poder.
Lo acontecido en las últimas fechas fortalecen
los señalamientos de la ex diputada y abogada michoacana Thalía Vázquez
Alatorre, quien acusó a Egidio de ser
parte del problema irresoluble del narcotráfico en Tamaulipas.
Porque no es fortuito que Torre Cantú haya llegado al extremo de
rechazar el Plan de Gobierno en la Seguridad, (para la pacificación de Tamaulipas), etiquetado por la Federación con
81 millones de pesos y cuyo enfoque estaba dirigido a combatir la ola de violencia, secuestros e inseguridad
que azotan al estado, expuso la denunciante.
En efecto, durante la administración
de Torre Cantú se devolvieron a la federación 81 millones de pesos anuales,
recursos que estaban etiquetados para combatir los flagelos antes mencionados.
Pero mientras Egidio los rechazó como
si no urgieran, en Nuevo León sí le sacaron provecho y abatieron el índice de
violencia a su mínima expresión lo que habla de la voluntad y capacidad de un
gobierno que sí cumple con sus ciudadanos.
Fue así
como la iniciativa privada neoleonesa también se hizo participativa con
aportaciones adicionales que reforzaron las cruzadas anti-violencia que lo revirtieron
exitosamente.
Son
los contrastes entre dos estados vecinos pero con gobiernos disímbolos: el de
Tamaulipas que se entregó a los cárteles de la droga y el de Nuevo León que
tejió alianzas con la sociedad para devolverle su paz y tranquilidad, tan
necesarios para recobrar la confianza,
credibilidad y prosperidad económica, anheladas.
Thalía
Vázquez, insistió en que solamente la colusión entre Egidio y los criminales
explican la ola de terror que se vive en el estado tamaulipeco.
Ejemplificó que en el tema Nuevo León
el gobierno trabaja del lado de los gobernados para reforzar los fondos
destinados en el combate a la delincuencia e inseguridad, logrando los fines
perseguidos.
En cambio en Tamaulipas se
devolvieron dichos recursos porque Egidio no presentó los proyectos solicitados
por la Federación, robusteciendo su ineptitud como gobernante.
Su postura se interpreta como la más cruel y despiadada dando pauta para
pensar que efectivamente hay un maridaje execrable entre su gobierno y los
verdugos de la sociedad tamaulipeca.
Debido a la ineficacia de las
autoridades para combatir los focos de violencia, Nuevo Laredo cayó en una
profunda depresión, ´´…la gente se duerme…se evade ya sea porque le mataron a
un hijo, al marido o algún otro familiar´´, prosigue Vázquez Alatorre.
Pese a que en Ciudad Victoria la
inseguridad, la ola de atentados y secuestros están a la orden del día, la
gente todavía sale a las calles. Lo mismo pasa en Nuevo León donde la
ciudadanía tampoco se encierra y menos ahora que se respira un ambiente pacífico.
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