EL QUE SEPA LEER, QUE LEA; EL QUE TENGA OÍDOS, QUE ESCUCHE……..LOS PROBLEMAS DE LA RELIGIÓN CATÓLICA Y DE LOS LLAMADOS RELIGIOSOS CRISTIANOS
El sectarismo es una enfermedad de la religión institucional, y el dogmatismo es el avasallamiento de la naturaleza espiritual. Es mucho mejor tener una religión sin iglesia, que una iglesia sin religión. La agitación religiosa del siglo veinte no habló por sí misma de una decadencia espiritual. La confusión precede tanto al crecimiento como a la destrucción.
Existe un propósito auténtico en la socialización de la religión. El propósito de las actividades religiosas de grupo consiste en dramatizar las lealtades de la religión; magnificar el atractivo de la Verdad, la Belleza y la Bondad; fomentar la atracción de los valores supremos; enaltecer el servicio de comunidad altruista; glorificar el potencial de la vida en familia; promover la educación religiosa; proveer asesoría sabia y guía espiritual; y alentar hacia la adoración comunitaria.
Todas las religiones vivas estimulan la amistad humana, conservan la moralidad, promueven el bienestar del vecindario y facilitan la difusión del evangelio esencial de sus respectivos mensajes de salvación eterna.
Pero cuando la religión se vuelve institucionalizada, se limita su poder para el bien, mientras que las posibilidades del mal se multiplican grandemente. Los peligros de una religión formalizada son: La fijación de las creencias y la cristalización de los sentimientos; la acumulación de los intereses establecidos con un aumento de la secularización; la tendencia a estandarizar y fosilizar la Verdad; la desviación de la religión, del servicio a Dios al servicio de la iglesia; la tendencia de los líderes a volverse administradores en vez de ministros; la tendencia a formar sectas y divisiones competitivas; el establecimiento de una autoridad eclesiástica opresiva; la creación de una actitud aristocrática de “pueblo elegido”; el fomentar ideas falsas y exageradas de lo sagrado; la rutinización de la religión y la petrificación de la adoración; la tendencia a venerar el pasado, ignorando al mismo tiempo las demandas del presente; la incapacidad de hacer interpretaciones contemporáneas de la religión; el enredo con las funciones de las instituciones seculares; la creación de una discriminación maligna en forma de castas religiosas; el volverse juez intolerante de la ortodoxia; la incapacidad de mantener el interés de la juventud aventurosa y la pérdida gradual del mensaje salvador del evangelio sobre la salvación eterna.
La religión formal frena a los hombres en sus actividades espirituales personales, en vez de liberarlos para un servicio enaltecido de constructores del reino.
LA CONTRIBUCIÓN DE LA VERDADERA RELIGIÓN
Aunque las iglesias y otros grupos religiosos deberían mantenerse separados de toda actividad secular, al mismo tiempo la religión no debe hacer nada que obstaculice o retarde la coordinación social de las instituciones humanas. El significado de vida debe crecer siempre; el hombre ha de seguir en su reforma de la filosofía y en su clarificación de la religión.
La ciencia política debe efectuar la reconstrucción de la economía y de la industria mediante las técnicas que aprende de las ciencias sociales y mediante las visiones y motivaciones proporcionadas por la vida religiosa. En toda reconstrucción social la religión provee una lealtad estabilizadora a un objetivo trascendente, una meta equilibradora más allá de los fines inmediatos y temporales.
La religión inspira al hombre a vivir valerosa y alegremente sobre la tierra; combina la paciencia con la pasión, la compenetración con la dedicación, la simpatía con el poder y los ideales con la energía.
Las criaturas mortales de Dios en la Tierra no pueden jamás decidir sabiamente sobre los asuntos temporales ni trascender el egoísmo de los intereses personales, a menos que medite en presencia de la soberanía de Dios y tome en cuenta las realidades de los significados divinos y de los valores espirituales.
La interdependencia económica y la fraternidad social en último término conducirán a la hermandad. El humano es por naturaleza un soñador, pero la ciencia lo está calmando de manera que la religión pueda finalmente activarlo con mucho menos peligro de precipitar reacciones fanáticas. Las necesidades económicas atan a la persona con la realidad, y la experiencia religiosa personal lleva a ese mismo hombre o mujer a enfrentarse con las realidades eternas de una ciudadanía universal en constante expansión y progreso.
Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios de las redes sociales, Dios mediante.
CDR.
Periodismo Independiente.

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