Por Ramón Durón Ruiz
Hoy doy gracias a Dios porque siempre ha estado conmigo, desde niño he sentido su presencia divina a lo largo de mi vida. Como hijo de una modesta madre soltera, mi infancia estuvo llena de privaciones, de hambre… de carencias.
Mi madre decía que la magia se genera desde el corazón y desde ahí, amorosamente me enseñó a ser hombre de bien, a trabajar para ser mejor. Afirmaba que pa’ que la vida funcione, hiciera que me encantara mi trabajo.
Así, desde los seis años –lleno de entusiasmo− inicié a laborar, cargando en un trayecto de 300 metros, dos tinas de 18 litros llenas de nixtamal, yo trabajaba para doña Sira, que vendía tortillas hechas a mano.
Mi hermano Humberto iba a palacio de gobierno, en Cd. Victoria, a recoger los sobrantes de papel de la imprenta, para llevarlos a la casa de mi tía Cuca, quien generosamente nos prestaba un modesto cuarto de lámina de cartón para vivir, de 3 por 4 metros. Mi hermano cortaba el papel cuidadosamente, apoyado con una escuadra y un lápiz trazaba los renglones y sujetando las hojas con un broche Baco, elaboraba los cuadernos que gustoso llevaba a la primaria.
Éramos muy pobres… ¡pero yo no lo sabía! Porque al lado de mi madre la vida era una maravilla. Después estudié la secundaria, apoyado con una beca que mi tío “Talo” me gestionó, posteriormente cursé la Normal y la Preparatoria −también becado− en la primera por Don José Villarreal Caballero y en la segunda por la Profra. Bertha García Rangel.
Cuando ingresé a la Facultad de Derecho en la UAT, el primer año lo estudié becado, ya después con los ingresos que obtenía como profesor me gradué como abogado. Continué estudiando en la Normal Superior de Tamaulipas, donde me titulé como Profesor de Educación Media con especialidad en Ciencias Sociales, luego realicé un postgrado en Administración Municipal en la UAT.
En la UNAM estudié mi especialidad y el Doctorado en Derecho. En todas mis carreras me he graduando con honores. En Life Center Monterrey concluí como entrenador de manejo de emociones. En el Instituto Mexicano de Psicooncología (IMPO) terminé un Diplomado en Hipnosis Terapéutica y en el mismo Instituto me acabo de graduar como Doctor en Tanatología.
Todo mi saber educativo lo pongo a disposición del viejo Filósofo, pa’ que con su ingenuidad provinciana, pretendida buena fe, olfato de vida y sentido de obviedad, busque entregar a usted una dosis de entusiasmo, espiritualidad, reflexión política y sentido del humor.
Mi mamacita me enseñó que “la diferencia entre la escuela y la vida es que en la escuela aprendes una lección y luego viene la prueba; en la vida primero te ponen a prueba… luego viene la lección”. Para este campesino güemence, la vida no se trata de aprender mucho, sino de tomar conciencia que “hay dos días espectaculares: el día en que naces y el día en el que te das cuenta que estás hecho para la felicidad y la grandeza”. Así que decídete a rebasar los límites de lo posible, te sorprenderás al constatar que lo “imposible”… también está destinado para ti.
Para el Filósofo “somos seres espirituales viviendo una experiencia corporal única”, la clave de tu felicidad es que trabajes en trascender, que encuentres encanto en todo lo que la vida te provee, que te enamores de ti mismo, dejando de lado el odio y el remordimiento, porque rompen tu armonía con el universo.
Es decir, que hoy te afanes en hacer tuya la fuerza del amor, que en estas fiestas decembrinas te recuerda que: “No hay riqueza que valga cuando…se es pobre de corazón.”
Pues así, de corazón te recuerdo querido Santa Claus, que pa’l 2013 quiero un cuerpo delgado y una billetera bien gorda, espero no te me apendejes y te confundas… como en este año. filosofo2006@prodigy.net.mx/Facebook: filosofoguemez/Twitter: @filosofoguemez
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