México Sin Hambre
“Nadie tiene derecho a lo superfluo,
mientras alguien carezca de lo estricto”.
Salvador Díaz Mirón
Con gran pompa,
con gran dispendio mediático, como sucede cada seis años, cada que un nuevo
presidente toma las riendas del país se decreta la eliminación de la pobreza.
La mitad de
los mexicanos , ---pese a los programas que con gran optimismo los políticos inventan
cada seis años y para los cuales establecen amplios recursos económicos que más
de la mitad se gastan en administrar la pobreza y el resto se lo roban--- viven
bajo la línea de pobreza.
La política populista
que desde 1970 instauró Luis Echeverría con el afán de ganar elecciones y se perfeccionó
con Carlos Salinas en 1986 y pese a los onerosos programas sexenales para
combatir a la pobreza sólo generan más pobres años tras año, que hoy rayan
cerca de los 60 millones, de los cuales 15 se encuentran en pobreza alimentaria,
lo que en buen español significa que escasamente comen un día y solo Dios sabe
cuando volverán a comer.
Populismo que
Peña Nieto enalteció y comprometió nuevamente durante su campaña por la
presidencia, aumentando beneficios en programas que si bien se pueden
ampliamente justificar no es la solución al grave problema que padecemos
Tener largas
filas de mexicanos hambrientos con la mano extendida sólo resta libertad,
atropella a la democracia, socava la dignidad humana y ennoblece la corrupción.
Un México Sin
Hambre es utópico en tanto no se establezcan políticas claras que permitan
generar inversión, que den oportunidad a los jóvenes de encontrar un trabajo
digo y bien remunerado, a quien desee emprender se le quiten los obstáculos y
que las diferentes instancias de gobierno se conviertan en facilitadoras.
El dinero que
se invierte en administrar la pobreza se debería invertir en medios que
permitan generar riqueza a través del trabajo creativo de cada mexicano, para
lo cual hay evidencia de que si es posible ya que son los mismos que día tras día
por miles cruzan la frontera y logran desarrollarse ampliamente en Estados
Unidos.
Hambre que no
se acabara en tanto quienes administran los recursos públicos no sean los
primeros en poner el ejemplo de austeridad, sin medrar y robar, sin usarlos
para su propio beneficio.
Hambre que no
se acabará mientras los funcionarios y administradores temporales de los
recursos de todos los mexicanos los gasten en asegurar su seguridad, viajes de
lujo con sus familiares y amigos o en campañas publicitarias que enaltezcan su
persona.
Hambre que no
se acabará en tanto no se garantice la seguridad de personas, bienes, traslados
e inversión.
Hambre que no
se acabará en tanto a nuestros hijos no se les dé una educación moderna y de
calidad, que les permita tener las competencias para competir en un mundo
global cada día mas exigente y demandante del conocimiento individual.
Hambre que no
se acabara en tanto se persiga a los empresarios con absurdas auditorias y
leyes que impiden el pleno desarrollo y productividad.
Pero en tanto
el hambre se combate con buenas intenciones, el PRI, partido político que
instaurò el decrepito sistema político mexicano, corrupto y corruptor, en voz
de su secretario de Gobernación, ufanos y pomposamente también, anunciaron por
todos los medios posibles que ha disminuido en un 17% los crímenes dolosos
ligados a la inseguridad.
Tal absurdo
solo él se lo cree o usted amable lector cree que ha disminuido la inseguridad
o la pobreza en Tamaulipas y en México.
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