EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
¡Y VENÍA A REGRESÁRMELA!
Por Ramón Durón Ruiz
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harles de
Foucauld, fue un hombre excepcional, primero militar, luego explorador,
finalmente un sabio sacerdote, referente, obligado de la “espiritualidad del
desierto”.
Me encanta su oración:
Padre,
me pongo en tus manos. “Padre me pongo en tus manos. Haz de mí lo que
quieras. Sea lo que sea que hagas de mí, te lo agradezco. Estoy dispuesto a
todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus
criaturas. No deseo nada más. Padre, te confío mi vida, te la doy con todo el
amor de que soy capaz.
Porque te amo y
necesito darme a ti, ponerme en tus manos, sin limitación, sin medida, con una
confianza infinita, porque tú eres mi Padre.”1
Este sacerdote
pleno de sabiduría dijo: “Prefiero el ingenuo canto de un niño a la más bella
música del mundo; ese canto –como el alba– contiene toda esperanza.”
Para el
campesino de allá mesmo, un niño es una expresión santa de la innata sabiduría:
sonríe hasta 500 veces al día; respira con el abdomen, que es el centro
energético de nuestra vida; es alegre, porque es la emoción más sanadora.
Un niño tiene el
perdón a flor de piel, le das una nalgada, se va llorando y a los pocos minutos
regresa y te sonríe, su divinidad interior le dice lo que William Shakespeare afirmara:
“El perdón cae como lluvia suave desde
el cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo
recibe”
Un niño vibra
con el poder de la vida, abraza con todo su ser, con toda su energía vital,
abraza con cualquier pretexto y sin
ningún motivo, será porque intuitivamente su divinidad interior le dice
que: “Todos somos ángeles con una sola ala, debemos abrazarnos si queremos
volar.”
Para el viejo Filósofo
un niño es una escuela de sabiduría, que con su ingenuidad infantil
sencillamente nos enseña que la medicina perfecta, la encontraremos en algo
simple… pero poderoso, el ABRAZO,
que es síntesis de amor, ése que nos dice que estamos en el universo como parte
del milagro de la vida para amar y ser amados.
Provenimos de un
abrazo
fundido de mamá y papá, llegamos a la vida a abrazar, porque tiene la magia de
llenar nuestros vacíos y recordarnos que al final de la jornada seremos
recibidos por un amoroso abrazo del Padre.
Cuantas veces un
abrazo
espontáneo en un momento de duda o de dolor, resulta tan altamente enriquecedor
que llega a los límites de una experiencia divina.
El abrazo,
renueva nuestra fuente intima de energía y nos conecta con el universo,
abriéndonos a un ambiente de abundancia de bienes y prosperidad, mientras más
podamos abrazarnos a nosotros mismos, a nuestros sueños, a nuestra vida, a
quienes nos rodean, más bienes llegarán a nosotros, porque la esencia del abrazo
radica en el poder ilimitado del amor.
Cuando tengamos
la habilidad de abrazar nuestros sueños, generaremos una impresionante
sensación de prosperidad, el banco de la abundancia que el universo tiene
preparado se abrirá para nosotros, creando una inagotable fuente de bienestar.
Recordemos que para el cosmos no hay límites, sólo abundancia y en la medida en
que más nos abracemos, mágicamente la energía vital fluirá por nuestro cuerpo,
mente y espíritu.
El abrazo
es uno de esos pequeños detalles que llenan nuestra existencia de seguridad, de
confianza en nosotros mismos y en que la vida tiene algo espectacular para
nosotros, nos lleva a verla como una fiesta y a disfrutar el placer de vivir, a
ver las cosas desde una rica policromía y una perspectiva diferente.
Cuando te
abrazan o abrazas con la fuerza del amor, tu alma se sacude con un arresto tal
que te sorprenderá, porque es un doble contacto: el físico y el espiritual, tan
agradables para el cuerpo, como saludables para tu alma.
Resulta que un
pelaó va a exceso de velocidad; la patrulla de caminos le hace la parada y en
vez de detenerse, acelera. Más adelante es alcanzado por el oficial quien le
dice:
—Si
no me da un argumento de peso, del porque no se detuvo… ¡lo voy a arrestar!
—¡Mire usted señor
oficial!, hace un mes vi a mi mujer abrazándose con un policía de caminos y se
fue con él, y si aceleré es porque pensé que era usted… ¡y venía a
regresármela!
filosofo2006@prodigy.net.mx/Facebook:
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