EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
¡¡¡SI ME CASE CON UNO!!!
Por Ramón Durón Ruiz
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A
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quel formidable
tercera base del beisbol de las grandes ligas Craig Nettles que en la década de
los 70, dejaba su talento pintado en el campo con el equipo de los Yankees, en cierta ocasión dijo: —
“Cuando era niño […mi felicidad radicaba] en querer ser beisbolista y
participar en el circo. Con los Yankees he logrado ambas cosas al mismo
tiempo”.
Cuánta razón
tenía Shakespeare cuando afirmaba: “Estamos hechos de la misma materia de los
sueños” y cuando eres capaz de soñar con un mundo mejor y hacer que tus sueños
sean vívidos, fuertes, recurrentes, como por arte de magia llegan a tu vida.
Cuando tus
sueños se realizan, llega una satisfacción de plenitud, de felicidad, y que
importante es que recuerdes que ésta tiene muchos caminos, pero el más
importante es el camino a tu interior, ahí donde radica tu divinidad.
Tommy Henrich
afirmaba “Atrapar la bola es un placer; saber qué hacer con ella es un
trabajo”, ese es el secreto de los abuelos, ellos escuela andante de sabiduría
saben, ¡bien que saben! qué hacer con su vida, por eso la felicidad vibra en su
alma y vive a su lado.
Cuando pasan los
años, normalmente la sabiduría llega. Thomas Chalmers con clara sapiencia afirmaba. “La […felicidad de la] vida consiste en
tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.”
Y el viejo Filósofo te invita a que esperes que como en la comida, siempre lo
que viene… es lo mejor.
La diaria tarea
es que te des tiempo para desarraigar de tu vida el síndrome de la infelicidad,
ese que a veces te lleva a no valorar en su exacta dimensión, las múltiples bendiciones
que diariamente el Padre tiene para ti.
Cuántas veces
vas posponiendo la felicidad, pensamos que la ésta llegará después de… ¡Voy a
ser feliz cuando me gradué! Una vez graduado, ¡Voy a ser feliz cuando compre un
carro! Una vez que tienes el carro ¡Voy a ser feliz cuando…! Así, se nos va la
vida, posponiendo la sublime tarea a la que llegamos a esta carnalidad: SER FELICES
La vieja creencia
de que los jóvenes viven en la eterna felicidad y los viejos no, es
absolutamente falsa, la felicidad no tiene edad, ni sexo, ni posición económica
o social. Es una actitud del espíritu que te lleva a desprogramar tu mente de
carencias, sufrimientos y dolencias, reprográmate para que los milagros lleguen
a tu vida.
El secreto
de la felicidad es el enfoque, la
cosmovisión que tengas de la existencia, el toque mágico que le des a las
cosas, porque la felicidad no está sólo en el arribo a puerto seguro, sino
también en la forma, el estilo de gozar el diario navegar por el mar de la
vida.
Una de las
lecciones de la oración que de niños nos enseñaron EL PADRE NUESTRO, es DANOS
HOY… es decir la vida se vive HOY.
Y, hoy date
permiso de sorprenderte por la grandeza con la que fuiste creado, date tiempo
para escuchar el murmullo de tu alma, que para no extraviar el camino te invita
–como a los Reyes Magos– a mirar hacia el cielo, entendiendo que “el sentido de
la vida es ser feliz en el aquí y el ahora.”
Hoy recibe el
nuevo amanecer dispuesto a no cambiar a los demás… sino a trabajar en la gran
tarea de tu existencia: ¡cambiarte a ti!, decidiendo no dejar tú felicidad en
manos de los demás, sino en la arquitectura maestra que tu alma forje, para que
seas capaz de dejar pintado tu semblante en la faena.
Un ingrediente
básico de la felicidad, es la gratitud, hoy aprende que ser agradecido trae
armonía, abundancia, prosperidad, salud, bienestar, paz, amor, riqueza a tu
existencia, por ello agradece a Dios el milagro de la vida.
Otro ingrediente
básico de la felicidad es el buen sentido del humor, ese que te recuerda que la
felicidad como “el éxito, saben a derrota… cuando no tienes con quien
compartirlo”
A propósito
resulta que llega a con el viejo campesino de Güémez, el comandante de la
policía municipal:
—¡Filósofo…! nos
acaban de hacer un examen de confianza, ¿Conoces el ‘inche detector de
mentiras?
—¿Que
si lo conozco... ? ¡¡¡SI ME CASE CON UNO!!!
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