LLERA………. SIEMPRE ES NOTICIA
Escribe OTHON VILLARREALGUZMAN
EL ENEMIGO
NUMERO 1 DE TAMAULIPAS
Caray, el tema
obligado de lo que va del mes es el que trata sobre el animal más picudo de
Tamaulipas o sea el Zancudo, pues oiga usted hizo sacar de sus “ casillas ” al
propio Secretario de Salud el Dr. Norberto Treviño García al grado de atreverse
a pronunciar una palabreja que nadie podía
imaginarse llegara a decir el hombre serio, honesto y preparado que es el citado
galeno, y si eso le pasó a él, imagínese que no dirá el hombre común,
incluyendo al llamado sexo débil. Creo que se morirían de sufrimiento las
madres de la vela perpetua si es que todavía existen.
Desde luego
que nada debe extrañarnos lo dicho por Treviño García, pues los tiempos de hoy
son muy distintos a los de hace casi sesenta años cuando gobernaba Tamaulipas
el Dr. Norberto Treviño Zapata, quien dicho sea de paso siempre mantuvo la
calma ante los embates políticos que los grupos antigilianos le ocasionaban,
entre estos el de Llera, dirigido por don Guadalupe Arcos Acuña donde podíamos
ver mujeres muy entronas como la chiapaneca doña Paula Pereyda, Rosario Urbina
y Domitila Csastillo.
Hoy, decíamos
que los tiempos son otros y nada de raro tiene que el Señor Secretario de Salud
se haya referido al Zancudo como “ pinche mosquito ”, lo que quiere decir que
por hoy este insignificante animalito dejó de ser insignificante para
convertirse en el Enemigo Número Uno de Tamaulipas, y sin embargo es bien poco
lo que se hace para combatirlo y menos ahora que la burocracia estatal,
servidores públicos de alto, mediano y bajo nivel gubernamental andan de
vacaciones, por lo tanto habrá que esperar para después del lunes cinco de
agosto cuando los responsables de la salud en nuestro estado se pongan las
pilas y decidan reforzar el combate contra este animalejo que ya lo encontramos
en todas partes, y sin embargo no observamos una lucha abierta, eficaz y
consciente contra este mosco que aparte de ser muy molesto es también
transmisor del paludismo y el dengue.
Por lo tanto
invitamos a la propia Secretaría de Salud, a Protección Civil y otras
dependencias relacionadas con el tema que hoy ocupa nuestra atención para que
den la orden de suspender las vacaciones y abran el fuego contra este animalito
que lo que tiene de chiquito lo tiene de peligroso, pues oiga usted ya ni los
repelentes más conocidos los detiene y aunque en muchos casos se usa el abanico
para impedir se nos acerquen, caray, el pinche mosquito agarra más vuelo y se
nos deja ir con alevosía, ventaja y premeditación en busca de nuestra
queridísima sangre que tanto los atrae, porque a mi, sinceramente les digo solo
me gusta como morronga y siempre cuando lleve harto cilantro, chile, tomate y
cebolla.
Lo anterior
trae a mi recuerdo cuando allá por los años cincuenta y parte de los sesenta
del siglo pasado la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia Pública puso
en marcha una campaña contra el paludismo y para esto contrató a miles de
personas a quienes se les dotó de bombas y químicos para que fumigaran los
domicilios particulares, solares baldíos, panteones, talleres mecánicos,
matorrales, sierras y montañas a fin de terminar con el zancudo y en esa forma
erradicar de México el paludismo.
El objetivo se
logró gracias a las estrategias utilizadas y al formidable trabajo
realizado por las brigadas de salud,
pero también hay que reconocer que la gente cooperaba con ellos y los gobiernos
municipales no se quedaban atrás; en fin Todo México participó en esa lucha
contra el paludismo, razón por la cual el zancudo se vio reducido a su mínima
expresión y por muchos años nos olvidamos de esta plaga que hoy regresa para
cobrarse viejas deudas y convertirse una vez más en el Enemigo Número Uno de
México y especialmente de Tamaulipas.
En fin para
ponerle fin a estos comentarios déjenme decirles que dentro de los llerenses
que recuerdo haberse contratado como brigadistas, son entre otros, Tomás
Salazar, Faustino y Eusebio Ruiz, Ignacio Salas y Nachito Sánchez, a quienes en
1960 me los encontré en la hoy popular y pintoresca Ciudad Ocampo cuando me
tocó participar en los Censos Nacionales Ganaderos y donde el profesor don
Justo de la Garza era mi jefe y supervisor inmediato. La mayoría de estos ya
murieron pero algunos dos que tres todavía viven y andarán más o menos entre
los ochenta años de edad. HASTA MAÑANA Y BUENA SUERTE.
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