EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
¡ES PA´ TODA LA VIDA!
Por Ramón Durón Ruiz
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ara este viejo Filósofo,
es fundamental que cada quien, en su espacio y a su tiempo,inicie hoy, a
trabajar en hacer que su vida sea una obra espectacular, porque al concluir la
jornada, el principio y el final son igual de importantes.
Cada que escribo
un artículo, me pregunto si voy por el camino correcto, para hacer “clic” con mis amables
lectores. Manuel Guzmán, es uno de ellos, generosamente sabe que la
retroalimentación,es una perspectiva de aprendizaje y crecimiento personal,
me escribe diciéndome:
Coincido con el Filósofo
en lo que respecta a los Papas y con lo dicho por el Papa Francisco. Cuando
viví un curso de cristiandad, contaron un cuentecillo en el que “dos sacerdotes
platicaban acerca de la santidad, pero a cada instante se veían interrumpidos
por un niño de escasos 8 años, que corría en el templo de un lado a otro.
Un párroco le
dice al otro:—Ese niño no
nos deja concentrarnos en la plática.
—Ahorita
lo pongo en paz –Apunta el otro–, llama al niño y le dice: A ver niño, ¿Qué es
para ti un santo?
El niño sin dudarlo
señala a un vitral que tenía una imagen y le contesta:—Ese es un santo.
El sacerdote le
pregunta: ¿porque dices que ese es un santo?
El niño le
responde: —Porque deja
pasar la luz.”
Para el Filósofo
“Dios es tan grande, que cabe en todas las religiones”, sus líderes son los
encargados de explicarnos, que en el templo de cada hombre, habita la luz del
Señor, “cuando el hombre se aparta de servir y de hacer el bien... se aparta de
Dios.”
El hombre intrínsecamente
“nace con la disposición a hacer el bien, […de amar, dar y respetar al prójimo]”;
lorecóndito de la vida está en que no dejemos de evolucionar y crecer, que aprendamos
que el secreto de la felicidad radica en dar.
Que entendamos
que “a Dios lo encontramos en el servicio a los demás”, en la perseverante
lucha contra el hambre y la desolación, en la paciente siembra de fe y
esperanza, de amor y tolerancia.
Para un viejo
ignorante como yo, el verdadero amor al Padre, sólo se puede entender en el
sacrificio de dar sin esperar nada a cambio, de servir al prójimo con amor y
pasión.
Me subyuga el
ejemplo de María, una madre que simboliza la parte viril del infinito amor de
la mujer a Dios, me enternece hasta los más íntimo de mi ser su congoja, pero
también me emociona la vida de Jesús, ese hombre que nació en un modesto
pesebre, llevó una vida humilde, nunca viajó más de 300 kilómetros de su ciudad
natal.
Dios es amor, y
del amor nace servir por el amor mismo; quienes nos hacen temer a Dios, ignoran
que del miedo lo más que podrá salir, es servir basado en el temor, más que en
el amor por sí mismo… eso no es servir con toda la potestad divina. Jesús fue
un líder extraordinario que llegó a servir… no a ser servido, fundando su
iglesia en base en el servicio y en el amor y supo cambiar el rumbo de la
historia.
Cuando voy a un
recogimiento espiritual a la iglesia, veo a la gente implorar al Señor para que
se hagan los milagros, creo que desconocen que “vivimos al límite de los
milagros”, lo que pasa es que por buscar el poder y la riqueza… dejamos de ver
el racimo de los pequeños milagros que nos rodean.
El secreto de
los abuelos de Güémez, es que han aprendido a ver y a sentir los milagros,
convirtiendo en algo tan espectacular como divino, su humana pequeñez,
transformando su vida en un acto permanente de fe y esperanza.
Este Filósofo,
busca cumplir con dos propósitos: desentrañar profanamente el poder del amor,
haciéndome parte de él a través del servicio y, encontrar lo divino que hay en
lo humano o lo humano que hay en lo divino, a través del sentido del humor.
A propósito de
humor, después de ofrecer el sermón dominical, el Padre Chuyo platica con sus feligreses
y le pregunta a Simpliano:
—¿Cuál
de los sacramentos que has recibido, te ha gustado más?
—Po’s la mera
verdad padrecito y con todo respeto, ¡ninguno! y usted ha de dispensarme pero
mire: en el bautismo, me echaron agua; en el segundo –la confirmación– me
tuvieron mucho tiempo de pie y sosteniendo una vela, para luego darme un golpecillo
en la mejilla; y en el casorio, me dieron una mujer, que además de ser una
‘inche leona… ¡es pa’ toda la vida!
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