EL
FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
…¡FUE
IDEA DE TU ABUELITA!
Por Ramón Durón Ruiz
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E
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l excepcional
educador y teórico de la educación brasileño, Paulo Freire afirmaba: “Es
notable la capacidad que tiene la experiencia pedagógica para despertar,
estimular y desarrollar en nosotros el gusto de querer bien y el gusto de la
alegría sin la cual la práctica educativa pierde el sentido.
Es esta fuerza
misteriosa, a veces llamada vocación,
la que explica la casi devoción con que la gran mayoría del magisterio sigue en
él, a pesar de la inmoralidad de los salarios. Y no sólo sigue, sino cumple,
como puede, su deber. Amorosamente, agrego.”1
Mis maestros
fueron un modelo de vida, éramos barro amorfo en manos de extraordinarios
alfareros, ellos predicaban con el ejemplo, exigían a quienes teníamos el
privilegio de ser sus alumnos, que fuéramos siempre mejores, pero ellos eran un
ejemplo con su sabia conducta.
Nos daban clases
por la mañana y por la tarde, organizaban las fiestas del día de la madre, nos
enseñaban a cantar, bailar, declamar, acomodaban los mesa bancos para las mamás,
eran maestros de ceremonia, es decir no tenían
vocación para el conflicto, sino vocación para enseñar y servir, sabían que
tener vocación es una inspiración singular, es encontrarse con el poder
personal para crear, para forjar generaciones de mexicanos responsables e innovadores.
En lectura de
comprensión, nos enseñaban a que nuestra imaginación volara, para que
enriqueciera todo el potencial creador y recreara una nueva visión de nuestra
incipiente cosmogonía.
Los campesinos
dicen que cuando por políticas públicas se cambia la vocación ganadera de la
tierra, por una vocación agrícola, no hay buenos resultados…guiarse por la vocación es la clave.
El viejo Filósofo
siente el orgullo de encontrar en el país, a miles de mexicanos, con vocación
para el apostolado de ser maestro, una generación excepcional de hombres y
mujeres, que en el altiplano o en la lejana serranía, en la frontera o en la
planicie, en el ejido o la colonia popular, la mayoría de las veces con escases
de recursos, pero con una imaginación
creadora ejercen la sublime vocación de ser maestros.
Ellos, sin
plantones ni marchas, sin tomas de edificios gubernamentales, sin violencia ni
bloqueos de calles, que trastocan la vida de las ciudades; saben cumplir con
calidad y calidez, con la más alta encomienda que la vida da a un ser humano:
darle aire a las alas de nuestra niñez y juventud, para formar los hombres de
bien, saben que su tarea es sublime: EDUCAR ALMAS.
Miles de
maestros con una capacidad sin límites, desde el aula construyen la nueva
Patria, con una ejemplar vocación, pasión y mística de servicio, nunca buscan
un pretexto para faltar, aplican las palabras de John Ruskin: “Educar no es
hacer aprender al alumno algo que no sabía, sino hacer de él, alguien que no
existía.”
El magisterio
mexicano con un orden ritual, se organiza para detonar las fortalezas de sus
alumnos, les enseñan que sus posibilidades son infinitas, si se atreven detonar el espíritu guerrero que anida en ellos, hacen de ellos
campeones de la esperanza. Para muestra un botón. En el Colegio de Bachilleres
de Tamaulipas, se organizó un concurso estatal de oratoria, que fue ganado por
Edgar Iván López Rendón, un joven de Nuevo Laredo, Tamaulipas, lo
extraordinario es que es invidente, pero la vocación de sus maestros le han
llevado a entender que perdió el sentido de la vista… pero le agigantaron el
sentido de la vida.
También está el
caso de Roberto Adolfo Blanco Rocha, un joven campesino del municipio de
Hidalgo, Tamaulipas, que estudia en las modestas aulas del Centro de Educación
Media Superior a Distancia del Ejido Oyama. Él, sin tener computadora en casa,
fue primer lugar en el Pre nacional de la Olimpiada Mexicana de Informática y
tercero en la Olimpiada Nacional. Actualmente lo evalúan para formar parte de
la selección nacional que participara en la etapa internacional.
Estás y muchas
más, forman parte de las historias de éxito construidas por apóstoles de la
educación, que entienden que el conflicto no entusiasma a nuestros jóvenes y
que asienten la vocación de ser maestros con alegría.
Resulta que Ramoncito
va a la casa de su abuelito el Filósofo, para su sorpresa lo encuentra en la banqueta,
sentado en la vieja mecedora, desnudo de la cintura para abajo y le pregunta: — ¡Abuelito!,
¿qué estás haciendo…?
El Filósofo no
le contesta. El niño le vuelve a preguntar:
—¡Abuelo! ¿Qué haces sentado acá
afuera, desnudo de la cintura para abajo?
El Filósofo le dice:
—Mira, la semana pasada me senté
acá afuera sin camisa y se me contracturó el cuello, y se puso duro, esto… ¡fue
idea de tu abuelita!
1
http://www.frasesypensamientos.com.ar/frases-de-vocacion.html
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