EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
¡Y NO RESUELVE NADA!
Por Ramón Durón Ruiz
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Dios es tan
grande que puede cubrir todo el mundo con su amor y a la vez tan pequeño para
entrar en tu corazón.”1 Y
desde que el Padre ha llegado a mí corazón, veo la vida a través de la óptica
generosa del amor y del humor, será porque como dice el Dr. PatchAdams“son los
componentes fundamentales de una vida sana.”
El viejo Filósofo
sabe que en la vida hay dos secretos básicos: 1.- Para Fracasar… trata de
quedar bien con todos y 2.- Para tener abundancia…piensa positivo y cree en ti
mismo.
Y creyendo en mi
proyecto de vida, el tiempo pasa y ya no sé dónde termina el Filósofo y ‘onde
principio yo, nos hemos hecho una dualidad indisoluble en torno al proyecto del
humor.
Recientemente
recibí un correo, en el que me preguntan el origen de los asesores, para
explicarlo recurro parafraseando una fábula y una historia que el humor del
mexicano maneja maravillosamente.
“Resulta que
hace muchos ayeres un rey quería ir de cacería. Llamó al sabio en pronosticar el
estado del tiempo y le preguntó el estado del mismo para las próximas horas.
Éste le dijo que podía ir tranquilo pues no llovería.
Como la novia
del monarca vivía cerca de donde iría de cacería, se vistió con sus mejores
galas. En el camino se encontró con un campesino montado en su burro, mismo que
al ver al rey le dijo:
—¡Señor! es mejor que vuelva pues
viene una tormenta.
El rey ignoró su
amable comentario y prosiguió su camino pensando para sí mismo:
—Que sabe este campesino… si tengo
un sabio especialista que me dijo lo contrario.
Y siguió
adelante, por supuesto que la tormenta llegó. El rey se empapó,enfermo volvió a
palacio y despidió al sabio. Mandó llamar al campesino y le ofreció el puesto,
a la vez que le preguntó cómo sabía a ciencia cierta que iba a cambiar el
tiempo.
—Su señoría, −Dijo humildemente−yo
no entiendo nada de eso, es mi burro, que cuando tiene sus orejas caídas…
significa que cambiará el estado del tiempo.¡Desde entonces el asesor es un
burro!”
La historia
cuenta que “en el pueblo había un afanoso carnicero que diariamente exhibía
afuera de su negocio los animales que a la mañana siguiente serían
sacrificados, desde antes que el Sol despuntara en el horizonte ya estaba
ocupado en la matanza y preparación de los cortes y chicharrones para su
abundante clientela.
Al concluir las
ventas, afanosamente limpiaba el local y se iba a descansar a su casa. Cosa que
no lograba, debido a que siendo su modesta casa de techo de lámina, un gato
bodeguero, que era el terror de las “mininas”
de barrio, las trasegaba sexualmente en su techo, con el consiguiente ruidasal
y maullerio interminable, que le impedían conciliara satisfactoriamente el
sueño.
Cierta noche, ya
cansado del ruidasal generado por la fogosidad del gato semental bodeguero, el
carnicero se puso un filoso cuchillo en la boca, se subió en una silla y
sigilosamente se acercó al techo de lámina, al asomarse encontró al gato
fornicando a una preciosa gatita, con su siniestra lo tomó del pescuezo, lo
levantó y tomando el cuchillo con su diestra de un sólo tajo lo capó, soltó al
gato que se fue trastabillando.
El problema san
se acabó. Pero como a los seis meses volvió el ruidasal. Desesperado volvió a
tomar el cuchillo, colocó sigilosamente la silla y al asomarse al techo, tomó
al gato que encabezaba el borlote, le tiró un tajo en salve sea la parte, pero
se fue en balde, lo miró a los mojos y le dijo:
—Bueno ‘abrón, ¿No eres tú el gato
que cape hace seis meses?
— ¡Sí, soy yo!
—¿Y qué haces aquí? –Intrigado
preguntó el carnicero.
El gato
respondió: —¡Soy asesor!
Es decir un
asesor es un pelaó deshuevado, metiche, que opina de todo…¡y no resuelve nada!
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