EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
Por Ramón Durón Ruiz
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a prestigiada escritora inglesa Agatha Christie, con
preclara sabiduría afirmó: “Lo más razonable que se ha dicho sobre el
matrimonio y sobre lasoltería es esto: hagas lo que hagas…¡te arrepentirás!”
Lo que el viejo Filósofo ha aprendido de los abuelos,
es que entre el primer grito al nacer y el último aliento al morir, hagas que
tu vida sea una obra espectacular, a grado tal que no te arrepientas de haber
fallado, de haberte equivocado, porque con el error y el fracaso, llega siempre
una lección… una enseñanza.
Y la lección primaria es que la vida es un regalo
Divino, en la que hay que aprender a enfrentar los miedos y a controlar el ego,
que es esa herencia de argentino que todos llevamos dentro.
Había en Güémez un
experimentado cazador, que sacaba fiado el mandado en el tendajo de Don
Cleofas, pagaba con las pieles que él mismo curtía de los animales que cazaba. “Cierto
día llegó al negocio y después de los saludos de rigor, empezó a pedir al
tendero:
—Me das cuatro
cuadernos de cuadro chico, cuatro de cuadro grande, cuatro de doble raya, dos
pares de tenis, dos uniformes pa’ la primaria, dos mochilas, dos pares de
zapatos negros… –y así fue solicitando al tendero, uno a uno
los artículos que requería, pasando por el mandado de la casa, no podía faltar
un litro de mezcal San Carlos, pa’ enjugar sus penas.
Una vez que el abarrotero
hubo cumplido con la amplia lista de requerimientos, el cazador empezó a
guardarlos cuidadosamente en dos grandes bolsas de nylon; al mismo tiempo que
Don Cleofas sumaba meticulosamente en su cuaderno, artículo por artículo para
hacer la cuenta:
—Son $2,525 –dijo
el tendero volviéndose a instalar el lápiz en la oreja derecha.
—Ahí anótamelos en
la cuenta –respondió el afamado cazador.
—¡Claro que no ‘abrón!,
tiene seis meses que no me abonas lo que debes, ya ni siquiera me has traído
cueros curtidos de los animales que cazas.
—¡Cleofas!, tú
bien sabes que he estado malo de la rabadilla y no he podido salir de cacería,
pero ya me estoy mejorando con el linimento que me vendió Doña Margarita en la
Botica Popular.
—
¡Pues
no te llevas nada hasta que me abones! –exclamó enérgico el tendero.
—No seas así,
sabes que no soy mala paga; hoy mismo llegando al ejido salgo de cacería, pa’
matar algunos animales e inmediatamente vuelvo a traerte cueros curtidos.
—Bueno, está bien.
–aceptó a regañadientes el abarrotero, despidiéndose amistosamente del
acendrado cazador, mismo que partió a pie rumbo al ejido.
La tarde languidecía
haciendo de la despedida del astro rey, un evento singular, ocasión que el
cazador aprovechó para quitar el olote de la botella de vidrio y gozar de unos
tragos del exquisito mezcal de San Carlos, que lleno de perlas dejaba en claro
su buena calidad.
De repente en el monte
empezó a sonar como sinfonía, un aulladero interminable de coyotes: “aaaauuuuu,
aaaauuuuu, aaaauuuuuuuuu” –el diestro cazador, escuchando tal
concordancia animal, sólo pudo exclamar:
—
¡Hijos
de la tiznada… SI SUPIERAN QUE YA LOS TENGO COMPROMETIDOS!”
Bueno, po’s igual le pasa a
este viejo Filósofo: ¡ESTOY BIEN COMPROMETIDO! en el trabajo de la cultura
popular de mi tierra, en el rescate de ese excepcional patrimonio intangible
del norteño… que es el humor.
El universo se crea y está escrito en un mundo de
símbolos: el lenguaje, los números, la comunicación, creado por el hombre, para
darle sentido a la vida. El dinero simboliza una energía que
el cosmos te devuelve por el talento que con tu labor demuestras; saludar es un
símbolo de bienestar; la sonrisa es un símbolo universal de bien aventuranza,
de paz interna, de alegría en el corazón, de armonía con lanaturaleza.
A propósito,
se detiene el microbús
yuna joven llena de voluptuosa sexualidad, se da cuenta de que su minifalda era
tan corta, que le impedía subir. Apenada sonríe al chofer, se lleva la mano
hacia atrás, baja un poco el cierre, pensando que tal vez eso ayudaría. Intenta
subir, pero no puede. Apenada, baja un poco más el cierre, intentasin
éxito subir al micro. Casi llorando de la vergüenza bajó todo el cierre y
de nuevo no pudo subir al microbús.
Entonces un pela’o que estaba detrás de
ella, con ambas manos la empujo por las pompis para subirla.Ella furiosa, se volvió hacia él pela’o
gritándole:
—¡Estúpido!¿Cómo se atreve a
tocarme? ¡Yo ni lo conozco!
El hombre apenado le dice:
—
Bueno, señorita, nunca
hago eso, pero después de que usted me bajó 3 veces la bragueta… ¡pensé que simbolizaba que ya éramos amigos!
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