lunes, 18 de noviembre de 2013

EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ


EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

¡CUALQUIER CABRÓN ES GENERAL!

Por Ramón Durón Ruiz

E

sta fecha es propicia para parafrasear a Cantinflas y afirmar: “Nuestros políticos dicen: Yo amo a México, tu amas a México, el ama a México, nosotros amamos a México, vosotros amáis a México, ellos aman a México. Ojalá no fuese conjugación verbal… ¡Sino una realidad!”

En 1810 una generación de patriotas, que veían al país en un callejón sin libertades y sin salida, rompió los paradigmas latinoamericanos, en donde la Independencia erapromovida por militares como Bolívar, Sucre, San Martín; hombres como Hidalgo y Morelos, que frente a Cristo profesaban la fe, tomaron las armas para forjar un movimiento que dio alas y raíces a sus sueños libertarios, fraguando la Independencia de México.

El siglo XIX fue una lucha permanente entre liberales y conservadores, que hizo que en 1857 una generación de oro, revolucionara a la nación trayendo consigo la Reforma.

En 1910 continuó el mito revolucionario,  como “Un proceso con tres etapas sucesivas y sincrónicas:

1.- La lucha por el poder. 2.- El Triunfo y3.- La formación de nuevos estatus superiores de vida.”

El primer gran fruto tangible de la Revolución se dio en Querétaro, ahí todos los “istas” de nuestra lucha armada –villistas, zapatistas, carrancistas…–, con un singular genio y un enorme sentido de pertenencia y de Patria, supieron poner el triunfo de las armas, al servicio de la Constitución de 1917.

Nuestro texto Constitucional, fue la primera Carta Magna que impulsó garantías individuales y garantías sociales, a la par que sentaba las bases para pasar de un país de caudillos a uno de instituciones.

La Independencia, la Reforma y La Revolución de 1910, sentaron las bases para un cambio profundo en las instituciones políticas, del fulgor revolucionario, emanó: El Estado Mexicano, la División de Poderes, el Estado Laico, la Educación  y la Salud Popular, el movimiento obrero organizado, el Municipio Libre, la Reforma Agraria, el fortalecimiento del poder Judicial y Legislativo, el presidencialismo Mexicano...

Para José Ortega y Gasset “Una revolución es propiamente un cambio de la sensibilidad vital; una revolución no es una barricada, significa nuevas instituciones, nuevas costumbres, nueva ideología, un nuevo estado de ánimo”.

En 2000 llegó un nuevo estado de valorciudadano, con una transición democrática excepcional como la nuestra, pues mientras en otras latitudes fue pactada, aquí casi plebiscitariamente votamos por el cambio, pero este se quedó en el discurso, en un racimo de buenos propósitos, por falta de oficio político… ¡Nunca llegó!

Los políticos mexicanos han sido incompetentes para construir una transición que dé resultados, así lo demuestra más de 50 millones de mexicanos que sufren las vicisitudes de la pobreza; una política incapaz de generar los empleos suficientes para llevar el pan nuestro de cada día a los hogares; una seguridad pública que en algunas regiones del país, tiene la gobernabilidad tan frágil y casi prendida con alfileres.

Pareciese que nuestras instituciones de seguridad van un paso atrás de la delincuencia, si hay violencia en Michoacán, van 2 mil policías para allá, si hay inseguridad en el norte, otros tantos, falta capacitación, profesionalización, especialización, inteligencia. Hoy hay figuras delincuenciales que nunca imaginamos.

La pregunta que hace el viejo Filósofo, ¿Qué celebramos este 20 de Noviembre?¡Una gesta histórica…! pero sin buenos resultados de una partidocracia que ha omitido tener visión de gran calado, altura de miras para construir el México reconciliado, que con participación ciudadana, con una educación pública, siente las bases para instituciones fuertes, que los inserte con éxito en la historia.

Las anécdotas están a medio camino entre la historia, la realidad y el mundo simbólico del humor, una retroalimenta a la otra. “Cuenta la historia que siendo Presidente el General Álvaro Obregón, decide salir de Palacio Nacional vestido de  ‘paisano’ y sin escoltas, para que nadie lo conociera y poder escuchar el rumor social.

Al recorrer las calles de la Ciudad de México, vio a un ciego pidiendo limosna, le dejo un peso de la época en el bote. El invidente rápidamente recorrió con sus dedos la moneda, reconociendo el valor dijo:

––¡Gracias mi General!

Obregón que estaba lleno de ingenio, se devolvió e intrigado le pregunto:

––¿Chingado que acaso no eres ciego?

––No veo nada mi señor, soy ciego de nacimiento.

––¿Y cómo ‘ingaos me conociste… si eres ciego? 

––¡Ah!, porque en estos tiempos…¡Cualquier cabrón es General!”    

 

www.filosofoguemez.mx

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