viernes, 6 de marzo de 2015

Linea ágata Francisco pucheta,

  ______Línea Ágata______
                                                     Por Francisco Pucheta González
                                                   *Mono Blanco, el rito satánico
En el Valle de San Andrés, hay un toque de queda que comienza a las 7:00 de la tarde-noche de cada primer viernes de marzo y expira con las primeras horas del día siguiente. Son los brujos y chamanes quienes lo imponen y no el narco ni la milicia.
Luego entonces son esos misteriosos personajes  los precursores de la llamada a silencio que inicialmente se atribuía a la tropa de un cuartel o campamento en tiempo de guerra o en estado de sitio.
Hasta hace cuatro o cinco generaciones había la percepción de que el primer viernes de marzo era un día maldito y que salir por la noche implicaba exponer el pellejo a los artilugios de los practicantes de la magia negra.   
A los chamacos sieteañeros les prohibían salir a las calles y los jóvenes y adultos se encerraban a piedra y lodo colocando sus ´´palos de marzo´´ (con sus siete cruces labradas a lo largo), en las puertas de sus casas para rechazar los aires cargados de hechizo. Los palos no miden más allá de un metro, son delgados, de buena madera y centenarios.
 Es el feriado de la brujería  cuando se escala el cerro de Mono Blanco para rendir culto al Diablo, por todas las gracias concedidas a sus adoradores. Envueltos en túnicas oscuras y sus rostros encubiertos por capuchas similares a los de los kukuxklanes, suben a la cima alumbrándose con antorchas para oficiar la misa negra en punto de las 12 de la noche.
Después  dan rienda suelta a los aquelarres hasta que al conjuro de ¡Gracias Adonai!, se rompe el encanto y los participantes, hombres y mujeres, descienden  del cerro cónico a la superficie para continuar las celebraciones.
Concluido el encuentro anual de la brujería y diluidos el incienso y el copal, solo flotan en el ambiente los ricos aromas de las flores silvestres, los de tabaco de sumatra que crecen en almácigos al pie del volcán de la Sierra de San Martín, materia prima de aquellos famosos puro-habano que alguna vez llegaron a posarse en los labios del celebérrimo inglés sir Winston Churchill y el de aguardiente mata de caña que sirve para dar valor y evitar el soponcio o el desmayo de los participantes.
Pero si en la cúspide del Cerro de Mono Blanco se festeja a Belcebú, abajo no debe haber ningún impedimento para rendir culto al mismísimo Dios Baco, el protector de los borrachos. ¡Salud por él! y que siga la fiesta, pero sin abusar ni conducir vehículo en estado de ebriedad. 
  July Limón
“Las cosas buenas pasan a quienes las esperan…
las mejores a quienes van por ellas”

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