La Columna Política de Carlos Domínguez
ANTE UNA MUJER DE LAS LLAMADAS INMORALES, JESÚS REVELÓ POR PRIMERA VEZ SU NATURALEZA DIVINA
“EL QUE TENGA OÍDOS QUE ESCUCHE”………Y EL QUE SEPA, LEER QUE LEA…..TODO
Durante más de seiscientos años antes de Cristo, los judíos de Judea, y más tarde también los de Galilea, habían permanecido enemistados con los samaritanos.
Cuando Jesús y los doce llegaron al pozo de Jacob, Felipe se llevó a los apóstoles para traer comida desde Sicar, ya que estaban dispuestos a permanecer en este sitio por un tiempo. El Maestro les dijo: “No teman por mí, los samaritanos serán cordiales; sólo nuestros hermanos, los judíos, quieren hacernos daño”. Eran casi las seis de esta tarde cuando Jesús se sentó junto al pozo para esperar el regreso de los apóstoles.
Jesús tenía sed, pero no contaba con ningún artefacto para sacar agua del pozo. Por eso, cuando llegó una mujer de Sicar con su cántaro, Jesús le dijo: “Dame de beber”. Esta mujer de Samaria sabía que Jesús era judío por su apariencia y supuso que era un judío de Galilea por su acento. El nombre de la mujer era Nalda, y era ella una hermosa criatura.
En aquellos tiempos no se consideraba apropiado que un hombre respetable hablara con una mujer en público, y mucho menos que un judío conversara con una samaritana. Por eso Nalda le preguntó a Jesús: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?”. Jesús contestó: “En verdad te he pedido de beber, pero si tú pudieras comprender, me pedirías a mí que te diera de beber el agua viva”.
Entonces dijo Nalda: “Pero Señor, no tienes con qué sacarla, el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob que nos dio el pozo y del cual bebió y bebieron sus hijos y sus ganados?”
Jesús respondió: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua del espíritu vivo no volverá a tener sed nunca más. Y esta agua viva se convertirá en un manantial refrescante que brotará para la vida eterna”. Nalda dijo entonces: “Dame de esa agua para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla. Además, todo lo que una mujer samaritana pueda recibir de un judío tan digno será un placer”.
Nalda no sabía cómo interpretar el hecho de que Jesús le había dirigido la palabra. Contemplaba en el rostro del Maestro la expresión de un hombre justo y santo, pero interpretó su cordialidad como familiaridad, y su metáfora, como un avance con intenciones lascivas.
Siendo ella una mujer de poca moral, estaba dispuesta a coquetear abiertamente, pero Jesús, mirándola fijamente a los ojos, le dijo con voz autoritaria: “Vete mujer, llama a tu marido y vuelve acá”. Esta orden devolvió a Nalda sus cabales. Vio que había juzgado erróneamente la gentileza del Maestro, percibió que había interpretado mal sus palabras. Se asustó. Se dio cuenta que estaba en la presencia de un ser especial, y buscando en su mente una respuesta apropiada, en gran confusión dijo: “Pero Señor, no puedo llamar a mi marido, porque no tengo marido”. Entonces dijo Jesús: “Has hablado la verdad porque, aunque una vez tuviste marido, con el que ahora vives no es marido tuyo. Mejor sería que dejaras de jugar con mis palabras y buscaras el agua viva que te he ofrecido en este día”.
Ahora Nalda se puso seria, y se despertó su buen sentido moral. No era una mujer fácil sólo por elección. Había sido repudiada dura e injustamente por su marido y encontrándose en una situación desesperada, había consentido en cohabitar con cierto griego como su esposa, pero sin casarse.
En ese instante Nalda se avergonzó de haber hablado a Jesús con tanta ligereza, y se dirigió al Maestro con tono penitente, diciendo: “Señor mío, me arrepiento de la forma en que te hablé, porque percibo que eres un hombre santo, o tal vez un profeta”. Y estaba a punto de solicitar una ayuda directa y personal del Maestro, cuando hizo lo que tantos han hecho antes y después de ella: evitar la cuestión de la salvación personal, embarcándose en cambio en una discusión de teología y filosofía.
Nalda cambió el tema de la conversación, de sus propias necesidades espirituales a un debate teológico. Señalando el Monte Gerizim, continuó: “Nuestros padres adoraron en este monte, pero tú decidirás que el lugar donde los hombres deben adorar está en Jerusalén; ¿cuál es pues el lugar apropiado para adorar a Dios?”
Jesús percibió que el alma de esta mujer intentaba evitar un contacto directo e investigador con su Hacedor, pero también vio en su alma el deseo de conocer el mejor camino de la vida. Después de todo, había en el corazón de Nalda una verdadera sed de agua viva; por eso la trató con paciencia, diciéndole: “Mujer, pronto vendrá el día en el cual no adorarás al Padre ni en este monte ni en Jerusalén”.
“Ahora ustedes adoran lo que no conocen, una mezcla de religiones de muchos dioses paganos y filosofías gentiles. Los judíos por lo menos conocen a quien adoran. Han eliminado toda confusión concentrando su adoración en un solo Dios. Pero debes creerme cuando te digo que la hora está por venir, ya está aquí, en que todos los que adoren sinceramente adorarán al Padre en el espíritu y en la verdad, porque estos son los creyentes que el Padre busca. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad. Tu salvación nace, no de conocer cómo deberían adorar otros, o dónde, sino de recibir en tu corazón esa agua viva que aun en este momento te ofrezco”.
Pero Nalda persistía en evitar la difícil cuestión personal de su vida sobre la Tierra y del estado de su alma ante Dios. Una vez más, recurrió a preguntas de religión, diciendo: “Sí, yo sé, Señor, que Juan ha predicado sobre el advenimiento del Salvador, el que será llamado Libertador, del que, cuando venga, nos declarará todas las cosas...” Y Jesús, interrumpiéndola, dijo con sorprendente seguridad: “Yo que te estoy hablando, soy Él”.
Ésta fue la primera declaración directa, positiva y clara de su naturaleza divina y filiación con el Padre que hiciera Jesús sobre la Tierra. Y esta declaración fue hecha a una mujer, a una mujer samaritana, a una mujer de reputación dudosa ante los ojos de los hombres hasta ese momento, pero una mujer en quien los ojos divinos vieron a una persona contra cuya integridad habían otros pecado más de lo que ella hubiera pecado por su propio deseo, un alma humana que ahora deseaba la salvación, la deseaba sinceramente y de todo corazón, y eso bastó.
Cuando Nalda estaba a punto de pronunciar su deseo real y personal de cosas mejores y de un camino más noble del vivir, en el momento en que estaba lista para hablar del verdadero deseo de su corazón, volvieron de Sicar los doce apóstoles, y al contemplar el espectáculo de Jesús que estaba hablando tan íntimamente con esta mujer samaritana, y a solas, se quedaron más que sorprendidos.
Rápidamente depositaron sus abastecimientos y se retiraron a un lado, atreviéndose nadie a reprocharle, mientras Jesús decía a Nalda: “Mujer, vete por tu camino; Dios te ha perdonado. De ahora en adelante vivirás una nueva vida. Has recibido el agua viva, y un nuevo regocijo surgirá dentro de tu alma y serás hija del Altísimo”. La mujer, percibiendo la desaprobación de los apóstoles, dejó su cántaro y huyó a la ciudad.
Al llegar a la ciudad, Nalda proclamó a todos los que encontraba: “Vayan al pozo de Jacob, para que vean a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho”. Antes de anochecer, se había reunido una gran multitud junto al pozo de Jacob para escuchar a Jesús, y el Maestro les habló sobre el agua viva, el don del espíritu residente.
Los apóstoles no dejaban de asombrarse de la buena voluntad de Jesús de hablar con mujeres, mujeres de reputación dudosa, aun mujeres inmorales.
Era muy difícil para Jesús enseñar a sus apóstoles que las mujeres, aun las así llamadas mujeres inmorales, tienen un alma capaz de elegir a Dios como su Padre, y así convertirse en hijas de Dios y candidatas para la vida eterna.
Actualmente después de veinte siglos, muchos tienen la misma falta de deseo a comprender las enseñanzas del Maestro. Hasta la religión cristiana se ha construido persistentemente sobre el hecho de la muerte de Cristo, en lugar de la verdad de su vida. El mundo debería ocuparse más de la vida feliz y reveladora de Jesús, que de su trágica y triste muerte.
Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios editoriales de las redes sociales, Dios mediante.
CDR.
Periodismo Independiente.

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