domingo, 27 de noviembre de 2016

Desde Nuevo Laredo: La Columna Política de Carlos Domínguez,


Desde Nuevo Laredo:
La Columna Política de Carlos Domínguez
LOS DOCE APÓSTOLES
Un testimonio elocuente del encanto y rectitud de la vida terrenal de Jesús, es que a pesar de haber destruido en repetidas ocasiones las esperanzas de sus apóstoles y hacer trizas todas sus ambiciones de exaltación personal, sólo uno de ellos lo abandonó.
     
Los apóstoles aprendieron de Jesús sobre el Reino del Cielo, y Jesús aprendió mucho de ellos acerca del reino de los hombres, de la naturaleza humana tal como se vive en la Tierra y en otros mundos evolucionarios del tiempo y del espacio.
Estos doce hombres representaban diversos tipos de temperamento humano, y no se habían vuelto parecidos por el aprendizaje. Muchos de estos pescadores galileos llevaban bastante sangre gentil en sus venas, como resultado de la conversión forzosa, cien años antes, de la población gentil de Galilea.
     
No se debe cometer el error de pensar que los apóstoles eran totalmente ignorantes e incultos. Todos ellos, excepto los mellizos Alfeo, eran graduados de las escuelas de la sinagoga, habían estudiado profundamente las escrituras hebreas y aprendido gran parte de los conocimientos de su tiempo. Siete de ellos eran graduados de las escuelas de la sinagoga de Capernaum, y no había mejores escuelas judías en toda Galilea.

 

ANDRÉS, EL PRIMER ELEGIDO
En el año 26 d. de J.C., el año en que fue elegido apóstol, Andrés tenía 33 años, era un año mayor que Jesús y el mayor de los apóstoles. 
Andrés, presidente del cuerpo apostólico del reino, nació en Capernaum. Era el mayor de una familia de cinco: él, su hermano Simón, y tres hermanas. Su padre, por entonces ya fallecido, había sido socio de Zebedeo en el negocio de la preparación de pescado seco en Betsaida, el puerto pesquero de Capernaum. Cuando se convirtió en apóstol, Andrés era soltero, pero vivía con su hermano casado, Simón Pedro. Ambos eran pescadores y socios de Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo.
Andrés era un buen organizador pero un administrador aún mejor. Era uno de los cuatro apóstoles del círculo íntimo, pero cuando Jesús lo nombró jefe del grupo apostólico, fue necesario que permaneciera en su puesto con sus demás hermanos, mientras los otros tres disfrutaban de una comunión muy estrecha con el Maestro. Hasta el fin, Andrés siguió siendo el decano del cuerpo apostólico.
De todos los apóstoles, Andrés era el que mejor juzgaba a los hombres. Sabía que el corazón de Judas Iscariote estaba lleno de problemas, aunque ninguno de los otros sospechaba nada mal en el tesorero; pero a nadie le mencionó sus temores.
Poco después que Jesús ascendió a las alturas, Andrés comenzó a escribir una crónica personal de muchos de los dichos y hechos de su Maestro que ya había partido. Luego de la muerte de Andrés, se hicieron otras copias de esta crónica privada, que circularon libremente entre los primeros maestros de la iglesia cristiana.
Estas notas casuales de Andrés posteriormente fueron corregidas, enmendadas, alteradas y se les agregaron datos hasta convertirse en una narración relativamente cronológica de la vida terrenal del Maestro. El último de estos ejemplares alterados y enmendados fue destruido en un incendio en Alejandría, unos cien años después de que fuera escrito el original por el primer elegido de los doce apóstoles.
El mayor defecto del temperamento de Andrés era su falta de entusiasmo. Muchas veces olvidaba alentar a sus asociados con alabanzas juiciosas. Esta, su negativa de alabar las acciones meritorias de sus amigos, provenía de su aborrecimiento a la lisonja y a la falta de sinceridad. Andrés era uno de esos hombres íntegros, ecuánimes, que alcanzan su posición por su propio esfuerzo y que tienen éxito de una forma modesta.
Cuando las subsiguientes persecuciones dispersaron finalmente a los apóstoles de Jerusalén, Andrés viajó por Armenia, la Asia Menor y Macedonia, y después de atraer al Reino a muchos millares de almas, finalmente fue apresado y crucificado en Patras, en Acaya.
Este hombre robusto duró dos días enteros antes de expirar en la cruz. Durante esas horas trágicas no dejó de proclamar en forma convincente la buena nueva de la salvación en el Reino del Cielo. CONTINUARÁ…….
Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios editoriales de las redes sociales, Dios mediante.
CDR.
Periodismo Independiente.

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