domingo, 4 de diciembre de 2016

Desde Nuevo Laredo: La Columna Política de Carlos Domínguez,


Desde Nuevo Laredo:
La Columna Política de Carlos Domínguez
 
SIMÓN PEDRO
     
Cuando Simón se unió a los apóstoles, tenía treinta años. Estaba casado, tenía tres hijos y vivía en Betsaida, cerca de Capernaum. Su hermano, Andrés, y su suegra vivían con él. Tanto Pedro como Andrés eran pescadores y socios de los hijos de Zebedeo.
     
El Maestro ya conocía a Simón desde algún tiempo antes que Andrés se lo presentara como el segundo de los apóstoles. Al dar Jesús a Simón el nombre de Pedro, lo hizo con una sonrisa; era una especie de apodo. Simón era bien conocido entre sus amigos por su temperamento errático e impulsivo. Es verdad que, más tarde, le dio Jesús una importancia nueva y significativa a este apodo originalmente otorgado a la ligera.
     
Simón Pedro era hombre impulsivo y optimista. Había crecido libremente, permitiéndose ceder a los sentimientos más fuertes; constantemente se metía en líos porque persistía en hablar sin pensar. Esta impulsividad también les causaba problemas incesantes a todos sus amigos y asociados y era la causa de que su Maestro muchas veces le regañara suavemente. 
 
Pedro era un orador locuaz, elocuente y dramático. También era un líder natural que sabía inspirar a las multitudes, un pensador sagaz pero no un razonador profundo. Hacía más preguntas él solo que todos los apóstoles juntos, y aunque la mayoría de sus preguntas tenían sentido y valían la pena, muchas eran impensadas y tontas. Pedro no tenía una mente profunda, pero conocía su mente bastante bien. Por consiguiente, era hombre de decisiones rápidas y acción repentina. Mientras otros conversaban asombrados viendo a Jesús en la playa, Pedro se zambullía al agua y nadaba hacia la costa para encontrarse con el Maestro.
  
El rasgo que Pedro más admiraba en Jesús era su extrema ternura. Pedro nunca se cansaba de discurrir la paciencia de Jesús. Jamás olvidaría la lección acerca de perdonar al malhechor no sólo siete veces, sólo sino setenta veces más siete. Mucho pensó sobre estas impresiones del carácter misericordioso del Maestro durante aquellos lúgubres días de desesperación que vivió inmediatamente después de negar a Jesús sin pensarlo, y sin intención, en el patio del sumo sacerdote.
 
Era Pedro una de esas inexplicables combinaciones de coraje y cobardía que vivieran sobre la tierra. Su gran fortaleza de carácter era su lealtad, su amistad. Pedro amaba realmente y sinceramente a Jesús. Pero a pesar de la extraordinaria fuerza de su devoción, era tan inestable y variable que pudo una joven criada azuzarlo para que negara a su Maestro y Señor.
 
Pedro podía hacerle frente a la persecución y a todo tipo de ataque directo, pero se empequeñecía y se marchitaba ante el ridículo. Soldado valiente ante un ataque frontal, que reaccionaba como un cobarde medroso ante un ataque sorpresivo desde la retaguardia.
 
Fue el primero entre los apóstoles en hacer una sincera confesión de la humanidad y la divinidad combinadas de Jesús; y el primero, con excepción de Judas, en negarlo.
   
Después de partir de Jerusalén y antes de que Pablo se convirtiera en la fuerza motriz de las iglesias cristianas gentiles, Pedro viajó mucho, visitando todas las iglesias desde Babilonia hasta Corinto. Incluso visitó y ministró a muchas de las iglesias que habían sido fundadas por Pablo. Aunque mucho diferían Pedro y Pablo en temperamento y educación, incluso en teología, trabajaron juntos armoniosamente para la edificación de las iglesias durante sus últimos años.
  
Pero Pedro persistió en cometer el error de tratar de convencer a los judíos de que Jesús era, después de todo, real y verdaderamente el Mesías judío. Hasta el día de su muerte, la mente de Simón Pedro siguió confundida entre los conceptos de Jesús como el Mesías judío, Cristo como el redentor del mundo, y el Hijo del Hombre como la revelación de Dios, el Padre amante de toda la humanidad.
     
La esposa de Pedro era una mujer muy capaz. Trabajó durante muchos años de manera aceptable como miembro de la organización de las mujeres, y cuando Pedro tuvo que irse de Jerusalén, lo acompañó ella en todos sus viajes a las iglesias y en todas sus excursiones misioneras. El día que su ilustre marido entregó su vida, ella fue arrojada a las bestias salvajes en la arena de Roma.
     
Así pues este hombre, Pedro, que tan cerca había estado de Jesús, que había pertenecido a su círculo íntimo, partió de Jerusalén y proclamó la buena nueva del reino con poder y gloria hasta cumplir la plenitud de su ministerio. Se consideró él altamente honrado cuando sus captores le dijeron que moriría como había muerto su Maestro, en la cruz. Así pues fue Simón Pedro crucificado en Roma………CONTINUARÁ….
 
Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios editoriales de las redes sociales, Dios mediante.
 
CDR.
Periodismo Independiente.

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