Desde Nuevo Laredo:
La Columna Política de Carlos Domínguez
LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO, PRETEXTO DEL SANEDRÍN PARA ASESINAR A JESUS DE NAZARETH
Lázaro casi no podía comprender lo sucedido. Sabía que estuvo muy enfermo, pero sólo podía recordar haberse dormido y haber sido despertado por Jesús. Nunca pudo relatar nada de lo ocurrido aquellos cuatro días en la tumba porque había estado completamente inconsciente. El tiempo no existe para los que duermen el sueño de la muerte.
Aunque muchos creyeron en Jesús como resultado de esta obra extraordinaria, otros sólo endurecieron su corazón aún más para rechazarlo. Al mediodía del día siguiente a la resurrección se había difundido por todo Jerusalén la noticia de este acontecimiento. Cientos de hombres y mujeres fueron a Betania para contemplar a Lázaro y hablar con él, y los fariseos alarmados y desconcertados convocaron a una reunión de urgencia del Sanedrín para determinar qué debían hacer al respecto.
LA REUNIÓN DEL SANEDRÍN
Aunque el testimonio de Lázaro resucitado de los muertos mucho hizo para consolidar la fe de la masa de creyentes en el Evangelio del Reino, tuvo poca o ninguna influencia sobre la actitud de los líderes y dirigentes religiosos de Jerusalén, excepto que aceleró su decisión de destruir a Jesús y terminar su obra.
Al día siguiente el Sanedrín se reunió para deliberar de nuevo sobre el asunto: “¿qué haremos con Jesús de Nazaret?”. Después de más de dos horas de discusión y debate violento, cierto fariseo presentó una resolución que pedía la muerte inmediata de Jesús, proclamando que era una amenaza para todo Israel y comprometiendo formalmente al Sanedrín a la decisión de su muerte, sin juicio y desafiando todo precedente.
Una y otra vez ese augusto cuerpo de líderes judíos decretó que Jesús debía ser aprehendido y sometido a juicio, acusado de blasfemia y de numerosas otras transgresiones a la ley sagrada judía. Ya una vez habían llegado hasta declarar que debía morir, pero ésta era la primera vez que el Sanedrín registraba el deseo de decretar su muerte aun antes del juicio. Pero esta resolución no fue votada, puesto que catorce miembros del Sanedrín renunciaron cuando se propuso tan insólita acción.
Aunque no se formalizaron estas renuncias por casi dos semanas, el grupo de catorce abandonó el Sanedrín ese mismo día para no sentarse nunca más en el concilio. Cuando estas renuncias fueron posteriormente aceptadas, se expulsaron a otros cinco miembros porque sus asociados creían que alimentaban sentimientos cordiales hacia Jesús. Con la eliminación de estos 19 hombres, el Sanedrín estaba en posición de enjuiciar y condenar a Jesús con una solidaridad que llegaba casi a la unanimidad.
A la semana siguiente, Lázaro y sus dos hermanas fueron convocados ante el Sanedrín. Tras escuchar su testimonio, no quedó duda alguna de que Lázaro había resucitado de los muertos. Aunque las transacciones del Sanedrín virtualmente admitieron la resurrección de Lázaro, el registro iba acompañado de una resolución que atribuía esto y otros portentos realizados por Jesús al poder del príncipe de los diablos, declarándose que Jesús estaba aliado con él.
Cual fuese la fuente del portentoso poder de Jesús, estos líderes judíos estaban persuadidos de que si no paraban al Maestro inmediatamente, muy pronto toda la gente común creería en Él. Además, surgirían serias complicaciones con las autoridades romanas, pues muchos de los creyentes lo consideraban el Mesías, el libertador de Israel.
Fue en esta misma reunión del sanedrín en la que Caifás, el sumo sacerdote, expresó por primera vez un viejo proverbio judío que luego repitió muchas veces: “Es mejor que un hombre muera y no que perezca todo Israel”.
¿QUÉ FUE DE LÁZARO?
Lázaro permaneció en su casa de Betania, siendo el centro de gran interés para muchos creyentes sinceros y de incontables curiosos, hasta la semana de la crucifixión de Jesús, cuando recibió el mensaje de que el Sanedrín había decretado su muerte.
Los líderes de los judíos estaban decididos a detener la difusión ulterior de las enseñanzas de Jesús, y juzgaron que sería inútil matar a Jesús si permitían que Lázaro, quien representaba la cumbre misma de las obras portentosas de Jesús, viviera y atestiguara el hecho de que Jesús lo había resucitado de entre los muertos.
Así pues, Lázaro se despidió apresuradamente de sus hermanas en Betania, huyendo a través de Jericó al otro lado del Jordán, sin permitirse el descanso hasta llegar a Filadelfia.
Poco después de este acontecimiento, Marta y María dispusieron de sus tierras en Betania y se reunieron con su hermano en Perea. Mientras tanto, Lázaro había sido nombrado tesorero de la iglesia en Filadelfia. Fue un decidido defensor de Abner en su controversia con Pablo y con la iglesia de Jerusalén, y finalmente murió, a los 67 años, de la misma enfermedad que le había llevado a la tumba cuando era más joven en Betania.
Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios de las redes sociales, Dios mediante.
CDR.
Periodismo Independiente.
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