Desde Nuevo Laredo:
La Columna Política de Carlos Domínguez
La Columna Política de Carlos Domínguez
LOS PROBLEMAS DE LA REBELIÓN DE LUCIFER (Continuación)
El ser humano evolucionario encuentra difícil comprender plenamente el significado y entender los sentidos del mal, el error, el pecado y la iniquidad.
El hombre y la mujer son lentos para percibir que la perfección y la imperfección contrastantes producen el potencial del mal; que la verdad y la mentira contrapuestas crean el error desconcertante; que la dote divina de la elección del libre albedrío resulta en los reinos divergentes del pecado y de la rectitud; y que la búsqueda persistente de la divinidad conduce al reino de Dios, en contraste con su continuo rechazo que conduce a los dominios de la iniquidad.
Los Dioses no crean el mal ni permiten el pecado y la rebelión. El potencial del mal es temporalmente existente en un universo que comprende niveles diferenciales de sentidos y valores de perfección. El pecado es potencial en todos los reinos donde los seres imperfectos tienen la dote de saber elegir entre el bien y el mal. La presencia conflictiva misma de la verdad y la mentira, el hecho y la falsedad, constituyen la potencialidad del error. La elección deliberada del mal constituye el pecado; el rechazo volitivo de la verdad es error; pero la búsqueda persistente del pecado y del error es iniquidad.
La libertad es suicidio cuando se divorcia de la justicia material, la rectitud intelectual, la paciencia social, el deber moral, y los valores espirituales. La libertad no existe fuera de la realidad, y toda realidad de la personalidad es proporcional a sus relaciones con la divinidad.
La verdadera libertad es socia del genuino autorespeto; la falsa libertad es cónyuge de la autoadmiración. La verdadera libertad es el fruto del autocontrol; la falsa libertad, la suposición de la autoafirmación. El autocontrol lleva al servicio altruista; la autoadmiración tiende a la explotación de los demás para el engrandecimiento egoísta del individuo errado que está dispuesto a sacrificar el logro recto para tener poderío injusto sobre sus semejantes.
Y hasta la sabiduría es divina y certera sólo cuando es cósmica en su alcance y espiritual en su motivación.
Toda criatura y todo universo en evolución que aspira a hacer la voluntad del Padre está destinado a volverse el socio de los Creadores espacio-temporales en esta magnífica aventura de logro experiencial de la perfección. Si esto no fuese verdad, el Padre no habría dotado a estas criaturas del libre albedrío creativo, y tampoco moraría en ellas, entrando verdaderamente en sociedad con ellas mediante su propio espíritu.
La locura de Lucifer fue tratar de hacer lo que no se puede hacer: saltarse el tiempo en un universo experiencial.
El crimen de Lucifer fue el intento de privar a todas las personalidades de sus derechos creativos, el acortamiento no reconocido de la participación personal de la criatura —participación de libre albedrío— en la larga lucha evolucionaria para lograr el estado de luz y vida tanto individual como colectivamente. Al hacer esto, este Soberano de antaño de nuestro sistema colocó el propósito temporal de su propia voluntad, directamente en oposición al eterno propósito de la voluntad de Dios tal como se le revela en la concesión del libre albedrío a todas las criaturas personales.
La rebelión de Lucifer amenazó así la usurpación máxima posible de la facultad del libre albedrío propia de las criaturas ascendentes y los servidores del sistema, es decir la amenaza de privar por siempre a cada uno de estos seres de la experiencia emocionante de contribuir con algo personal y único al monumento de lenta construcción a la sabiduría experiencial que algún día existirá como sistema perfeccionado.
De esta manera el manifiesto de Lucifer, enmascarado en los mantos de la libertad, se presentó a la luz clara de la razón como una amenaza monumental, en consumación del hurto de la libertad personal, y hecho en una escala que tan sólo dos veces se ha visto en toda la historia del universo creado por Jesús.
En breve, lo que Dios había dado a los humanos y a los ángeles Lucifer quería quitárselos, o sea, el privilegio divino de participar en la creación de sus propios destinos y del destino de este sistema local de mundos habitados.
Ningún ser en todo el universo tiene la libertad justa de privar a otro ser de la verdadera libertad: el derecho de amar y ser amado, el privilegio de adorar a Dios y de servir a sus semejantes. (Continuará el próximo domingo)
Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios de las redes sociales, Dios mediante.
CDR.
Periodismo Independiente.
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