Luego de 26 años, el PRD está a punto de ‘ser, o no ser’.
Por: Joel Hernandez
Santiago
Una forma de huir o
dejarse huir de la presidencia del Partido de la Revolución Democrática (PRD),
es decir que pone, a disposición de todos, su renuncia, para generar el cambio.
Es un poco melodramático: A la manera de las películas de Marga López o de Libertad
Lamarque, el que se sacrifica es el mártir, ya de los maloras, ya de los
villanos, ya de las circunstancias, por sus propios errores… o todo junto…
Así, el
señor Carlos Navarrete que apenas tendrá un año de dirigir al PRD, decidió
dejar al partido: “no por la puerta de atrás”. No es para menos. De un tiempo a
esta parte este organismo ha acumulado pérdidas electorales cuantiosas, ha
cedido ante la incapacidad de retener a su militancia que huye ahora hacia
instancias y que ha asestado errores de ideología y de política sólo
comparables con quien quiere cometer suicidio.
La
arrogancia de don Carlos, su sentido de inteligencia y fortaleza individual no
se trasladó a lo colectivo. Errores como el Pacto por México en donde el presidente Enrique Peña Nieto
los dejó muy mal parados; lo reciente de Iguala o como cuando hace unos
días el señor Navarrete aseguró que se estaba en pláticas con el Partido
del Trabajo (PT) para ser contradicho luego… Y más.
Pero no
hay que olvidar que el PRD es al mismo tiempo una ‘hoguera de vanidades’ como
un ‘espejo de discordias’.
Y un
territorio minado por sus pleitos tribales, los de unos contra otros, el
predominio de unos por territorios acotados y ambiciones sin fin: por
todo, se olvidaron de su ideología –que presume ser de centro izquierda- de los
militantes de a pie a los que llevan de evento en evento para enarbolar
banderitas de papel, pero a los que no les han hecho justicia en sus
requerimientos sociales en un país de millones con problemas sociales graves que
requieren solución con políticas sociales.
Sus
dirigentes en pugna olvidaron su responsabilidad política y social.
Así que
los famosos Chuchos –Jesús Ortega y Jesús Zambrano: Nueva
Izquierda- se apropiaron del instituto político. No estaría mal si
estos señores hubieran levado anclas para navegar por aguas turbulentas y con
sabia conducción llegar a puerto seguro: el de todo cumplido para todos. No ha
sido así.
Otras
corrientes internas contribuyeron a “la crisis más grave en la historia del
PRD” según la calificara Carlos Navarrete:
Principalmente
la que encabezan René Bejarano y su señora Dolores Padierna (IDN) y muchas más
en un jarrito en el que no se han sabido acomodar:
Alternativa
Democrática Nacional (ADN); Democracia
Social; Foro Nuevo Sol;Frente Patria Digna (que no es una corriente, sino una
unión de distintas expresiones dentro del PRD); Fuerza
Democrática; Izquierda Social (IS).-Escisión de IDN; Movimiento
Cívico; Movimiento por la Democracia;Vanguardia Progresista; Movimiento
Progresista; Red de Izquierda Revolucionaria; Red
por la Unidad Nacional de las Izquierdas (RUNI);Unidad y Renovación (UNyR); Unión
de Colonias Populares (UCP).-
Grupo perteneciente a RUNI…
Existentes
o preexistentes: Todos ahí. En pugna.
Y dice
Carlos Navarrete en su despedida mediática: “…Ha llegado el momento de otra
etapa más fresca, donde se cambie la dinámica de las expresiones que han
controlado el partido, es decir, el bloque NI, Alternativa Democrática
Nacional, Foro Nuevo Sol y Vanguardia Progresista: es hora de cambiar la
dinámica de las corrientes…”.
Así que
ya todo está rumbo al Congreso Nacional del PRD del 17 al 20 de septiembre, que
es cuando se sabrá quién presidirá, coordinará y dirigirá a ese mundo de
opiniones, de puntos de vista, de confrontaciones, de ambiciones, de enojos,
berrinches y de luchas dramáticas por el predominio del partido: Que significa
poder político, posiciones burocráticas, nóminas, predominio en instituciones
electorales y recursos.
Luego de
26 años, el PRD está a punto de ‘ser, o no ser’. Está ahora en el dilema de
mantenerse en su burocratización interna y externa como gobierno y seguir,
también, en la ambición enloquecida de muchos de sus representantes en gobierno
o, por otro lado, ser un partido político, y de ahí un partido político que
represente a ese ‘centro izquierda’.
Debido a
mucho de esto y a corrupción interna y externa es que el PRD está en su casi
extrema unción. Pero no ha muerto. La salida de Carlos Navarrete, por grado o
por fuerza, debe darles la oportunidad:
Recuperar
el terreno perdido en el país; identificarse en sí mismo como partido político
y dejar, ya, de ser ese ‘espejo de discordias’ y esa ‘hoguera de vanidades’, de
ambiciones y de odios personales.
Hace
falta en el país un partido de izquierda. No es el PRD en este momento. No es
Morena en este momento. No son ellos los que recogen el gran problema social
nacional para encontrarle solución. Falta ese partido político. ¿Con quién?
¿Cómo?...
En el
país hay mucha tela de donde cortar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario