Desde Nuevo Laredo:
La Columna Política de Carlos Domínguez
JESÚS DE NAZARET A LOS 13 AÑOS DE EDAD; SU PRIMERA VISITA A JESUSALÉN
“ME NIEGO A CREER QUE MI PADRE QUE ESTÁ EN LOS CIELOS ME AME MENOS QUE MI PADRE QUE ESTÁ EN LA TIERRA”
EL QUE TENGA OÍDOS QUE ESCUCHE…….EL QUE SEPA LEER, QUE LEA…….
A la edad de trece años, Jesús de Nazaret pasó de la niñez a la adolescencia, el comienzo de la edad adulta; su voz empezó a cambiar, y otros rasgos mentales y físicos evidenciaron el advenimiento del estado adulto.
Promediaba el mes de febrero, cuando Jesús estuvo humanamente seguro de que estaba destinado a realizar una misión sobre la tierra para el esclarecimiento del hombre y la revelación de Dios. Decisiones fundamentales y planes de gran envergadura se estaban formando en la mente de este joven que parecía exteriormente un muchacho judío común de Nazaret. La vida inteligente de todo el universo contemplaba fascinada y maravillada lo que había empezado a desarrollarse en el pensamiento y las acciones de este hijo adolescente de un carpintero.
Jesús, en el umbral de la vida adulta y ya graduado en las escuelas de la sinagoga de Nazaret, reunía las condiciones necesarias para ir a Jerusalén con sus padres y participar con ellos en la celebración de su primera Pascua. Y así ocurrió.
En aquel tiempo llegaban a la capital hebrea poco más de 1.5 millones de israelitas procedentes de todos los puntos de la Tierra. Todos ellos asistían para festejar la principal fiesta del mundo judío.
Aunque todo Jerusalén estaba activo y ocupado con las preparaciones de la Pascua, José encontró tiempo para llevar a su hijo de visita a la academia donde se había pensado que proseguiría su educación dos años más tarde, en cuanto cumpliera la edad requerida de quince años. José estaba verdaderamente perplejo cuando observaba el poco interés de Jesús por estos cuidadosos planes.
Jesús, en cambio, estaba profundamente impresionado por el templo, todos sus servicios y las otras actividades relacionadas. Por primera vez desde los cuatro años estaba tan preocupado por sus propios pensamientos que se le olvidó hacer muchas preguntas. Sin embargo consiguió plantearle a su padre varias cuestiones embarazosas, como ya lo había hecho en previas ocasiones,
El joven nazareno estaba interesado en aclarar porqué el Padre celestial exigía el sacrificio de tantos animales inocentes y desamparados. Bien sabía su padre, porque podía leerlo en la expresión del rostro del muchacho, que sus respuestas y explicaciones no satisfacían a este hijo de pensamientos profundos y raciocinio preclaro.
Aunque muchos de los rituales del templo conmovieron vivamente su sentido de lo bello y lo simbólico, la explicación del verdadero significado de estas ceremonias que le daban sus padres respondiendo a sus muchas preguntas curiosas, le desilusionaban una y otra vez.
Jesús simplemente no podía aceptar las explicaciones de culto y devoción religiosa basadas en la idea de la ira de Dios o de la cólera del Todopoderoso. Después de la visita al templo, mientras seguían conversando sobre estos asuntos, su padre le insistía suavemente que aceptara las creencias ortodoxas judías.
El joven Jesús se volvió repentinamente hacia sus padres y fijando la mirada llena de fervor en los ojos de su padre, le dijo: “Padre, no puede ser verdad. No es posible que el Padre Celestial considere de este modo a sus hijos descarriados en la Tierra. No es posible que el Padre Universal ame menos a sus hijos de lo que tú me amas a mí. Yo bien sé que tú nunca darías rienda suelta a tu cólera, derramando tu ira sobre mi cabeza, sean cuales fueran las necedades que yo pudiera cometer. Si tú, mi padre terrenal, posees ese reflejo humano de lo Divino, cuánto más lleno de bondad y rebosante de misericordia deberá ser el Padre Celestial. Me niego a creer que mi Padre que está en los cielos me ame menos que mi padre que está en la Tierra”.
Al oír José y María estas palabras de su hijo primogénito, guardaron silencio. De allí en adelante no trataron nunca más de cambiar sus ideas sobre el amor de Dios y la misericordia del Padre Celestial.
Posteriormente descendieron al patio de los sacerdotes, bajo el saliente rocoso que se encontraba en el frente del templo, donde se levantaba el altar, para observar la matanza de las manadas de animales y la lavada de la sangre de las manos, en la fuente de bronce, de los sacerdotes que oficiaban la masacre.
El piso manchado de sangre, las manos ensangrentadas de los sacerdotes y el balido de los animales agonizantes, era más de lo que podía soportar este muchacho amante de la naturaleza.
El terrible espectáculo descompuso al joven nazareno. Aferrando la mano de su padre le imploró que se lo llevara de allí. Regresaron cruzando el patio de los gentiles, en donde las risas groseras y las bromas profanas de la multitud le parecieron más soportables que lo que acababa de presenciar.
Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios de las redes sociales, Dios mediante.
CDR.
Periodismo Independiente.

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